7 may 2008

'Nargis', la peor catástrofe asiática desde el tsunami de 2004

REPORTAJE

La tremenda movilización internacional contrasta fuertemente con la pasividad de la Junta militar birmana, que parece estar obviando que el desastre podría haber causado cerca de 100.000 muertos.

Tras las primeras estimaciones ofrecidas por el Gobierno militar de la antigua Birmania en la primera hora del lunes 5 de mayo, se pensaba en unos 10.000 muertos y 3.000 desaparecidos. Ya en la mañana del martes las cifras aumentaban considerablemente: cerca de 15.000 víctimas y unas 30.000 personas desaparecidas. Pero a partir de ese mismo mediodía la radio estatal birmana elevó la cifra a unos datos aún más escalofriantes. El informe radiofónico elevaba a 22.464 las víctimas mortales contabilizadas y al entorno de los 41.000 los individuos desaparecidos. Sin embargo, ya se está hablando de que éstos podrían ser los datos "oficialistas" y que el balance final podría ser "significativamente" superior: algunos diplomáticos extranjeros en la zona cifraban el número total de muertos en los 100.000.

Esta suposición ya rondaba los cálculos de algunos agentes internacionales el martes, cuando trabajadores de algunas organizaciones que ya estaban prestando ayuda humanitaria a pesar de la difícil situación de bloqueo internacional, impuesta por el régimen del país, llegaron a estimar que unas 50.000 personas habrían muerto a causa del ciclón. Además, apuntaron que entre dos y tres millones habrían podido perder sus hogares.



El paso del ciclón Nargis, nacido en mitad del Golfo de Bengala a mediados de la primera semana de mayo, tuvo su momento más devastador el pasado sábado día 3 a su paso por el delta del río Irrawaddy, el más importante del país. Las zonas que han resultado más afectadas son las de Irrawaddy, Pegu y Rangún, y los estados de Karen y Mon, que se mantinen en estado de emergencia . Algunas localidades como Laputta, Gyabor y Bogalay han quedado literalmente "sumergidas" tras la tempestad.


Sólo en la última de ellas, Bogalay, se podrían haber producido en torno a 10.000 fallecidos. Esta ciudad, que está situada al sur de la antigua capital, Rangún, habría perdido, según las informaciones publicadas, el 95% de sus viviendas e infraestructuras y habría quedado completamente incomunicada. También la mayoría de las carreteras de la zona sur del país, la más afectada por el ciclón, permanecen cortadas y se deberán usar lanchas para hacer llegar la ayuda en los próximos días.

Los vientos de entre 190 y 240 km/h, combinados con las fuertes tormentas de lluvia, resultaron aún más devastadores debido a las precarias condiciones de las viviendas y la desprotección de las aldeas. Además, el hecho de que las autoridades no dieran un aviso de emergencia impidió que la población estuviese preparada para la catástrofe, que ya es la mayor ocurrida en Asia desde el tsunami de 2004. La ONU ha culpado al Gobierno de la catátrofe por "no disponer de un sistema de alerta de ciclones, capaz de predecir este tipo de fenómenos con 48 horas de antelación, salvando de este modo miles de vidas".

El "penoso" futuro

Hasta el momento sólo podemos hablar de las últimas previsiones y del baile de datos entre las fuentes extranjeras y las oficiales, pero Naciones Unidas ya ha advertido de que el número de fallecidos podría multiplicarse. Por una parte, aún quedan muchas zonas incomunicadas por inspeccionar, con lo que podrían aparecer nuevas víctimas entre el lodo en los próximos días. Pero además se advierte de que si la Junta Militar, gobernante desde el año 1962, no abre sus fronteras cuanto antes a una operación masiva de ayuda humanitaria, a la destrucción le podría suceder una situación de peligroso desabastecimiento. Por el momento ya escasean el agua potable, el combustible y los alimentos, y los edificios que han quedado en pie permanecen sin electricidad.

De momento, las pérdidas personales son las únicas cuantificables. Los daños materiales de la catástrofe son incalculables. Por todo ello, la Junta Militar ha permitido la entrada de ayuda humanitaria, pero las organizaciones están teniendo que negociar las condiciones con el Gobierno, lo cual está provocando que la ayuda sea un lento goteo de pequeñas expediciones.

El futuro se presenta incierto para los supervivientes. El paso del ciclón ha arrasado con la cosecha de arroz. Con lo que, a la falta de alimento dentro del país, hay que añadir el temor de la ONU de un desabastecimiento en la zona, lo cual se suma a la actual crisis del arroz, que ya llegó hace un par de semanas a los países desarrollados en forma de racionamiento por parte de algunos supermercados.

Desde las principales organizaciones de ayuda se ha apuntado que los envíos más urgentes a Myanmar son mantas, equipos sanitarios de emergencia y tabletas potabilizadoras de agua, además de los alimentos y las tiendas de plástico y redes antimosquitos que deberían llegar en los próximos días para evitar epidemias de malaria y dengue. Estas son de momento las prioridades, ya que los cadáveres en putrefacción y las aguas estancadas son una fuente de enfermedades, hecho que más preocupa a la Comunidad Internacional de cara al futuro inmediato de este país de cerca de 50 millones de habitantes.

En estos días, Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, había anunciado que esta organización "no escatimará esfuerzos para ayudar a los afectados". Además, la mayoría de los países, a título individual, se han ofrecido para aportar su colaboración. Incluso Estados Unidos, a pesar de sus reiteradas diferencias con el régimen birmano, ha entregado 160.000 euros para alimentos y permanece a la espera, como el resto de países, de un llamamiento oficial de ayuda. Sin embargo, la controversia en torno a la actuación de la Junta militar está provocando reacciones contrarias. Algunos cargos europeos, como el ministro del Exterior francés, Bernard Kouchner, defienden que el Consejo de Seguridad de la ONU obligue al Gobierno del país a dejar entrar la ayuda internacional sin restricciones. Pero el organismo internacional ya ha rechazado la petición. No obstante, las exigencias de apertura de fronteras están llegando desde todos los rincones del planeta.

Por el momento, los 24 millones de afectados por el ciclón que ha reconocido la ONU esperan la atención internacional que evite "la catástrofe dentro de la catástrofe", expresión utilizada por la ministra alemana de Ayuda al Desarrollo, Heidemarie Wieczorek-Zeul, y que se refiere a la fuerte erupción de epidemias que podría desatarse en los próximos días.


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